Escribe: Zelideth Chávez Envuelta en mis añoranzas de adolescente enamorada, cumplidos los 17 enrumbé al Cusco a continuar estudios. Era la primera vez que abandonaba mi cuna, Puno, ciudad lacustre. El embrujo del viaje en tren, con sus estaciones de ensueño, alegres, novedosas, multitud de pasajeros, vendedores de antojitos y baratijas, todo confabulándose para retrasar la pena del primer desarraigo. Más tarde, con la cálida bienvenida que tíos y primos me…

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