hombre con sombrero y barba blanca

CALAVERAS, KUSILLOS, TARUQUITAS, HECHIZOS Y DEMÁS CHINA-DIABLURAS QUE SOLO EJERCE UN GENIO PUNEÑO.

Pedazos de gato en el suelo. Caminando con cuidado para que mi falda extendida hasta el piso no me hiciese caer, ¿qué hubiese pasado si mi pequeño cuerpecito rodaba por el suelo impregnándose de gato descuartizado?, quizás los ojos de ese gato se hubiesen quedado adheridos a mí y me hubiesen mirado por el resto de mi vida, como cuando Paz me mira, indiferente y abstraída, loca felina de miércoles. Yo solo quería que mis pies descalzos se posen sobre loza pura y que no
se les ocurra topar con ninguna materia cárnica, ni piel entumecida, ni fluido orgánico alguno. Total, a ese gato yo lo conocía.
De todas las habitaciones de la casa, la suya era la mejor, un halo blanquecino e itinerante de misterio envolvía ese cuarto. Merodeábamos a menudo por sus inmediaciones, esperando a que llegase el momento más apropiado para girar el pestillo. Esa puerta de madera blanca conducía al portal que separaba lo real de lo más real todavía.

Escarcha de colores dentro de frasquitos de vidrio que adoptaban mil formas caprichosas, semigatitos tejidos a crochet con barriguita prominente, moldes de yeso que retrataban la figura rechoncha de algún angelito renacentista, plumas pintadas de ocre, pedazos de organza, tocuyo, bayeta, lino, yute, tul, seda, chifón, crepé, varas de bambú, revistas vintage, pendientes, pulseras, gargantillas, aros de oro, plata, bronce, recubiertos de turmalinas, ágatas, amatistas, lapislázulis, tocados en alegorías infinitas, mimbre, espejitos de diversos tamaños, rosas de miga de pan, pedazos de materia concomitante y máscaras, muchas máscaras.

Había entrado al cuarto de mi tío Edmundo.

Edmundo Torres, puneño, mascarero, actor, bailarín, diseñador, performer, es, en suma, un artista completo.
Lampa lo vio dar sus primeros pasos en medio de quietud poética y le mostró en su iglesia sin torre “La Pieta” de Michelangelo, el cristo de cuero, las catacumbas y las calaveras colgadas que parecen narrar nuestra historia, amalgama de religiosidad, pugna y visión andina, porque las corrientes de pensamiento indigenista fluían también en el seno de nuestra familia. A orillas del lago, Gamaliel Churata, Ernestina e Inés Tresierra, Dante Nava, Gustavo Sánchez y Aurelio Martínez, tertuliando sin término después de haber comido un plato de chuño lawa.

Desde chico, la belleza le atraía, ya sea aquella de los andenes de laja, geométricamente labrados en las laderas de Cuyo Cuyo o la de las tumbas del cementerio de Juliaca. Observador como pocos, había días en que se la pasaba midiendo con centímetro en mano los ángulos de las piedras en los muros Incas junto a los que transcurrían sus días en el Qosqo u organizando procesiones con maderitas y cuanto material pudiese convenirle, sus cuadernos de matemáticas ostentaban figuras estilizadas en lugar de números y operaciones, esquemas de un futuro entonces incomprendido.

Más adelante, llegarían tiempos de APAFIT, días de captar danzas junto al Dr. Cornejo Rosselló, jornadas de pinkillos y phuntillos plisados que se replegaban al enérgico movimiento de rodillas como las aves que se repliegan para galantear en el pujllay de Santiago. ¿Habrá existido esqueleto más ovacionado y escalofriante, cuyos huesos crepitaban en la oscuridad al compás de bombos y zampoñas? China-diabla en Mañazo, apurando el yeso para que calce la máscara y se seque al aire, entre movimiento, picardía y fervor.
Se formó en las Escuelas de Bellas Artes de Lima y Puno y en la Escuela Nacional de Arte Dramático, pero fue en Italia donde perfeccionó sus técnicas mascareras en la Cívica Scuola di Arte Drammatica de Milano. Actualmente radica en Berlin, donde participa vivamente de la actividad cultural de esta ciudad. Allí ha forjado su taller, materia de inspiración, entre otros aspectos de su carrera, de la pieza cinematográfica “Kusillo”, elaborada por el cineasta mexicanopuertorriqueño Miguel Villafañe, que se exhibió como muestra itinerante del Festival de Cine de Lima el año pasado.

Edmundo es un genio puneño, hijo de nuestra tierra, orgullo de nuestra nación.

Fuente: Revista Brisas